He debido cambiar mucho: ya no uso braguero por las hernias, ni aparato ortodóncico, ni pantalones cortos, ni adornos. Por teléfono ya no tengo voz de niña. Ni voy tirando piedras a las moreras, buscando hojas para los gusanos de seda que se arrastran unos sobre otros en una caja de zapatos. Mi plato favorito ya no son las torrijas. Y hace siglos, imagínate, que ya no me despellejo las rodillas.
He debido cambiar mucho: me salieron granos y pelillos, empecé a afeitarme, hice la mili, dejé de vivir con mis padres, me marché del barrio, conseguí un empleo. Nunca más volví a Amadora. A lo mejor el café de los billares cerró, hay un video-club en lugar de la mercería, cortaron los plátanos de la avenida, pasando tu casa, y quitaste aquellos cisnes de escayola de las columnas del portal. Siempre creí, no me preguntes porqué, que acabarías por quitar los cisnes de escayola, con sus alas abiertas y el pico pintado de rojo, de las columnas del portal. Tal vez porque a mí me gustan los cisnes. Tal vez porque tú me encontrabas feo y yo no te gustaba. Nunca respondiste a mis cartas. Nunca sonreíste a mi sonrisa. Nunca me agradeciste la preciosa rana que te envié con mi hermano más pequeño. Cuando le pregunté
- ¿Le diste la rana?
mi hermano me contó que apenas le quitó el paño que la cubría y te enseñó el animalito, te echaste a correr gritando
- Quita esa porquería de ahí
pero tengo la seguridad (¿a quién no le gustan las ranas, verdad?) que te encantó, que jugaste con ella y la colocaste en el estanque del patio. Apuesto a que aún anda por allí, en cuclillas sobre una piedra, mirando la ropa tendida en el patio de la cocina, la ropa de tu madrastra, tu ropa, la ropa del señor Bernardino, que acudió al anuncio pegado en el tablón de la tienda y os alquiló una habitación. Mi hermano, calcula a dónde pueden llegar las malas lenguas, jura que te casaste con ese, que se os ve tomando café, cogidos del brazo, los domingos en la mañana, en la pastelería Preciosa, que tenéis un hijo rubio, que te pusiste a trabajar en la secretaría del Ministerio de Economía. Claro que es mentira, que no me lo creí, que me reí. Que yo sepa, nadie puede tener hijos a los doce años, ¿verdad? Además, ¿qué demonio de gracia puede encontrar el señor Bernardino en una chiquilla?
He debido cambiar mucho. Pero estoy seguro que me vas a reconocer cuando el domingo coja el tren de Amadora. Por más que construyan, el edificio y el cantero de dalias tienen que estar aún allí, con cisnes o sin cisnes, enseguida de pasar los plátanos. Me acerco a las rejas, tiro de la campanilla que suelta un gritito roto en el soportal, una delicada manita apartará las cortinas, y como ya no uso alambre en los dientes puedo decir
- Hola, Olga
puedo llamarte, puedo limpiarme los pies en el felpudo, puedo entrar, puedo sentarme a tu lado, con un paquete de bizcochos colgando del dedo meñique, en el sofá delante de la tele. Porque eso es lo único que quiero: sentarme a tu lado en el sofá y ver la telenovela.
Cuando le explico esto a mi hermano más pequeño se pone a bromear sin motivo alguno: que creciste, que te casaste, que tienes un hijo, que trabajas en el Ministerio de Economía, que no te acuerdas de mí, que estoy chalado. ¿Para qué responderle? Es obvio que te acuerdas de mí: era el único en la escuela con cara de conejo y aparato ortodóncico, y que se quedaba inmóvil durante los recreos por no poder correr a causa de las hernias, con una rana en el bolsillo para ti. Es obvio que te acuerdas de mí: era tan linda la rana, ¿a que sí?
SONETOS A CRISTO
António Lobo Antunes
Alianza Editorial
HA SIDO SIN QUERER
20:10 |
Hace mucho tiempo que le admitía a mi hijo esa frase.
Más tarde, cuando ya rondaba los ocho o nueve añitos, empecé a enseñarle que eso no es una bula papal, intenté transmitirle que aunque pedir disculpas es obligatorio siempre que se mete la pata, no exime de la responsabilidad del daño causado.
Por ejemplo: _! Quiero una tortuga! –Vale, apruebas y vamos a por la tortuga. Pero, va a ser tu responsabilidad, es tu tortuga, tú te ocupas de su comida, de su limpieza y de su bienestar ¿Vale?
Y claro, ¿Qué va a contestar un muchachuelo irresponsable con ganas de tener una tortuga?
Hubo aprobado, hubo tortuga y hubo una letanía insistente durante días como banda sonora del hogar- ¿Le has puesto de comer a la tortuga? –Ahora voy -¿Has lavado la tortuguera? Ahora voy, hasta que el desgraciado quelonio murió de dejadez.
Puede que en su momento la cosa fuese demasiado dura para un niño de primaria, desde luego para la tortuga fue durísima, pero es muy importante enseñarle al personal a responsabilizarse de sus actos, de sus errores y de sus omisiones.
Todavía hoy se lo recuerdo en algunas ocasiones, y cuando protesta de que eso paso hace un millón de años, le comento que la tortuga sigue muerta.
Y todo esto ¿a qué viene? Pues viene a lo de Sortu, ¡qué bonito!, estos perros cambian mas de collar que yo de foto en el facebook.
Por si no se me entendió bien la última vez que toqué este tema, repito:
El que mata es un hijo de puta, un asesino. El que pone el cañón de un arma en la nuca de otra persona y dispara, es un hijo de puta, un asesino.
El que facilita los datos de donde y cuando se puede encontrar a esa persona, es un hijo de puta y un asesino.
El que monta la logística para que esos puedan llevar a cabo semejante acto, es un hijo de puta y un asesino.
El que recauda los fondos para esa logística, es un hijo de puta y un asesino.
Los que amparan, admiten y otorgan, aprovechándose de la ventaja que da la sangre en los platillos de la balanza política, son una panda de hijos de putas y asesinos.
Cualquier acto político, social o económico que rentabilice el asesinato de una persona, es digno solo de hijos de putas y asesinos.
Y ahora nos ponemos con lo de rechazo pero no condeno, pero me la cojo con un papelillo de fumar y acérqueme usted al chiquillo que me lo puso muy lejos, total por matar a un par de gentes, que es lo que tiene la lucha mireusté, que de vez en cuando no hay más remedio que dejar los sesos de alguien esparcidos por entre las páginas de los estatutos, oiga.
Pues no, si querías jugar a los políticos, no haber pedido el disfraz de sicario, y si estas en la divertida pandilla de te extorsiono y te mato, que yo estoy mú loco, pues no puedes hacer política.
No hay coartada valida, ni lucha, ni ideología que justifique matar a alguien.
Por una ideología, por una idea, se puede morir, pero nunca matar.
Pero estamos en la época de los templaditos, de la corrección política, la época en la que todos los emperadores van en porretas y aquí todos calladitos como putas, no vaya a ser que quedemos mal, así que si estos señores quieren venir al parlamento con nosotros, pues los dejamos, como muestra de nuestra bonhomía y tolerancia, y hala muertecitos al nicho y angelitos al cielo. Juguemos al no ha pasado nada.
Pasa Patxi, que ahora mismo quito esta manchita de sangre de la moqueta y le digo a aquella señora que a llorar, a casa.
Pues a mí no me vale, no juego. Este extraño y leve cambio de rumbo no hace que se borre el dolor, ni que los muertos se levanten de sus tumbas y vuelvan a su trabajo y a los cumpleaños de sus hijos.
No me vale que te hayas hecho una corbata con el disfraz ese extraño de nazareno con chapela de los comunicados de ETA, ni que tengas ínfulas de demócrata de toda la vida. No intentes convencerme que no has celebrado ningún asesinato que cuadraba con tus intenciones. Que no sabias quienes eran las bestias negras, ni quien sus víctimas.
No me digas que no te sonaba raro, que en tu pueblo la policía fuera con pasamontañas y los delincuentes haciendo mítines a cara descubierta.
¡Ah! y so pedazo de hijo de puta, ni se te ocurra decirme que todo ese reguero de muerte ha sido sin querer.
COMO EL AMOR MISMAMENTE
12:54 |
Una cita a ciegas, bueno, a ciegas, ciegas no, que ya nos conocemos de hace tiempo, solo que no contaba con encontrarnos.
Me proponen hacer el Camino de Santiago, acepto, y así a lo tonto capullo, me encuentro inmersa en un torbellino de sentimientos de los que ya casi ni guardaba recuerdo.
Todo el día con la sonrisa tonta estampada en la boca, con la cabeza en los caminos del norte y con el corazón pegando brincos de alegría.
Como para cualquier cita, hay que hacer planes, muchos planes. ¿Cuándo quedamos? (¡Que nervios!) pues al final de primavera, ya casi entrando el verano, buena época para caminar sin los rigores del invierno ni las canículas estivales.
¿Qué me pongo? No sé, no sé. Punto delicado donde los haya a la hora de cualquier cita, no se pueden defraudar las expectativas, hay que ir preparada para cualquier contingencia, pero no recargada ni con cosas superfluas.
Zapatos, zapatos, ¡Ay ayyyyyyy, el tema zapatos! Me compro unas botas flexibles, fuertes, me lastiman, las aparto. Es curioso lo que se aprende con estas cosas, de las botas yo esperaba que me ayudaran a avanzar, que me acompañaran y protegieran mis pasos (que es más de lo que espero de la mayoría de las personas en general), me han lastimado, y ahora busco una persona para la que sea el calzado idóneo, que me costaron lo suyo y no están los tiempos para ir tirando buen calzado por un ponme aquí unas ampollitas, pero desde luego no vuelven a mis pies. Esto mismo normalmente lo practico con las personas. Me haces daño, fuera, y pelillos a la mar, y hay gente que me dice que no es así, que hay que dar más oportunidades, si hombre, claro, para que te destroce los ligamentos.
Creo que no tengo espíritu ni de virgen ni de mártir, así que las cosas que hacen daño, fuera for ever sean botas, amigas o maromos.
Me zambullo en la red, busco rutas, albergues, comentarios, consejos, mapas……………horas y horas contemplando fotos, extasiada, anticipándome al deseado momento de transitar por los caminos milenarios.
Todavía faltan unos meses, pero ya intuyo esas pequeñas sensaciones, y me relamo de placer solo de pensarlo, el cansancio compartido al terminar la jornada, las charlas con desconocidos, el beso de cerámica de las tazas de ribeiro, ese temblor de la piel en las primeras horas del día, al iniciar en camino en la frescura del amanecer, la textura rugosa y solemne de los cruceiros. El estremecimiento por la espalda con esa gota, que la lluvia fina y burlona, ha conseguido colar por entre el pelo de la nuca, el sol calentando y cubriendo unos hombros cada día más dorados………..!Que ganitas tengo!
Me levanto temprano, para entrenar con todas estas cosas en la cabeza, y despreciando ese pequeño zumbido de dolor en las rodillas, en cualquier momento me asalta la sensación del olor húmedo del musgo de las piedras, (y sigo pasmada sonriendo y haciendo mis cosas), ¡Ese pan gallego!, esos pueblos pequeños y esos recovecos sombríos.
La verdad es que lo suyo seria completar el rito hasta Fisterra y bailar desnudos alrededor de la hoguera, pero no nos da el tiempo para tanto, ¡lástima!.
Estoy segura que a pesar de los inconvenientes lo voy a disfrutar muchísimo, solo se me plantea una duda ¿Es una herejía hacer el camino por motivos hedonistas?
FEBRERILLO EL ASESINO
21:08 |
Empezando por el día 4, que siempre pensamos que lo del cáncer le va a tocar a otro, que no hombre que no, que eso es la lotería, las probabilidades de padecer un cáncer son mucho más altas que las de pillar una primitiva con bote. Infinitamente más altas, así que vamos a dejar de silbar mirando al techo, y vamos a echar formalidad con las revisiones.
Y la otra gran fecha, ¡El 14! ¡Tachaaaaan! No quisiera alarmar a nadie diciendo que el amor no existe (por mucho que a mí me lo parezca), pero, a ver, verbigracia, un suponer: Cuando una persona es inteligente, no va por ahí con un birrete recitando la lista de los números primos hasta cien millones, o si tienes un buen trabajo, de astronauta, por ejemplo, que ha sido la ilusión de tu vida desde pequeño, tampoco vas con la escafandra y el trajecito de los paseos, espaciales claro, por la calle.
Entonces ¿A qué viene tanto intercambio de osito o perrito o monito o cualquier bicho que termine en ito, abrazado entre corazones?
No me imagino a ninguna persona medianamente equilibrada, y que disfrute de una relación profunda, cómplice, plena, satisfactoria y duradera, montando un numerito de esos sanvalentinianos y poniéndose hasta arriba de esas tartas cardiomorfas compuestas de una crema rosa burda y empachosa, habiendo tartas Sacher por el mundo.
Las cenas de San Valentín me dan grima, ellas tan arregladitas sintiendo por fin que alguien las trata como debe, y ellos siguiendo el juego con la secreta esperanza, o la certeza de mojar. Aunque reconozco que es macabro, no puedo dejar de pensar que muchas de esas mujeres no volverán a ver más sanvalentines porque las habrán asesinado sus parejas antes del siguiente.
Y es que lo que culturalmente se nos ha inculcado como amor es una autentica mierda, y lo es porque sigue existiendo (de hecho yo juraría que estamos en un momento de involución) gracias a una desigualdad flagrante, y que nadie se pique que lo estoy comentando a nivel general.
Si el “EL” de turno llega a casa con la agresividad a flor de piel, la “ELLA” intenta comprenderlo, confortarlo, hacer que se sienta más relajado “.- Es que lo están pasando mal en la empresa, seguro que ha sido otro día difícil”.
Si la “ELLA” llega cabreada del trabajo después de haber recogido a los niños de las actividades y previo paso por el super (que como ahora cobran las bolsas y estando las cosas como están, ha pedido solo dos y una se ha rajado antes de llegar al ascensor), el mientras cambia de canal en su sillón piensa que mejor ni hablarle, seguro que está ovulando.
¿Es un topicazo? Si, ya, vale, bueno. No hace ni un par de meses que oigo en boca de alguien que conozco “Tío, hazle ya un niño a tu mujer y que se entretenga”. Año 2011, tercer milenio D.C. Doy fe.
De las películas, de la publicidad, del millón de canciones ñoñas de amor, de las series, donde si una mujer es brillante y atractiva está soltera y autista (bueno asperger) mejor ni hablamos. Si la Rapunzel revisada tiene como arma una sartén ¡Joder, ya vale!
Pero si hasta para nombrar los atributos, vamos de “mis santos cojones” a “¿A que huelen las nubes?”(supongo que a esto lo podemos definir como coño subliminal).
Así que menos amor de purpurina y cartón piedra, menos Julietas expectantes y menos Romeos complacientes, que ya va siendo hora de que las relaciones sean otra cosa.
A ver si el puto angelito de los güevos , se va de una vez a estudiar y se busca un trabajo serio en el que pueda ir vestido.
ENERO
20:48 |
Nadie nos había comentado para que se nos convocaba, y poco a poco fuimos llegando a la laguna roja.
Nos entregaron un extraño remo, y nos asignaron una embarcación de ocho, que lejos de ser una piragua, tenía la forma definida de una Barbie hinchable XXL, con su boquita en un eterno gesto de asombro, y sobre la que después de varios incidentes y zambullidas conseguimos acomodarnos a horcajadas.
Vimos pasar a Sade, flotando de un lado a otro mientras canturreaba absorta, como una Ofelia con Alzheimer. El maestro de ceremonias iba y venía con premura cada vez que llegaba alguien más, para dotarlo de todo lo necesario para la travesía.
Por fin, teníamos la tripulación necesaria, todos tardamos muy poco en aceptar que formábamos parte del mismo equipo y que remaríamos juntos en la misma dirección, aunque la atmósfera se hallaba revestida de un velo casi surrealista y onírico.
Sobre el pantalán, una trucha dormitaba dentro de un bocadillo, y a su lado un enorme consolador pistacho ardía, en la hoguera propiciatoria, como sacrificio a Príapo.
Ocupamos nuestros puestos, pero no nos decidíamos a iniciar la navegación, ya que el centro del lago era el dominio de Patocabron, solo pronunciar su nombre hacia abortar a las cabras y congelaba los frutales hasta la raíz. De él , se contaban en voz baja, tenebrosas leyendas, entre ellas, el hundimiento y desaparición de miles de embarcaciones como la nuestra.
Lo que definitivamente, nos animó a partir, fue la llegada de los jueces de la prueba, El Bardaito, con sus lastimeros ojos sanguinolentos y Santa Águeda, con su inseparable bandeja, donde lucia dos hermosos pechos como bizcochos recién horneados; ocuparon sus puestos, desde donde se veía claramente todo el recorrido. A pesar del vaho que iba volviendo opacas todas las transparencias.
Visto lo que se cocía en tierra, nos decidimos a remar, en plan vehemente, como los alegres compañeros de Ben-Hur, cuando le salió aquel pluriempleo de galeote.
No sabíamos el porqué de este castigo, hasta que alguien con forma de hormiga, nos advirtió que era obra del karma y con voz metálica repetía “EN FEBRERO, MALDITO KARMA. EN FEBRERO MALDITO KARMA…………” y así una y otra vez como si fuera un estridente mantra destinado a volvernos locos.
Con la fatalidad que gobierna cualquier tragedia, acabamos en el territorio de Patocabron, un remolino comenzó a ascender de las profundidades, el agua empezó a encabritarse y a ponernos las cosas muy difíciles, apenas nos manteníamos sobre la Barbie, sujetándonos trabajosamente unos a otros, cuando, de no se sabe dónde, ascendió la mismísima Virgen de Fátima, para salvarnos de un final seguramente atroz. Mientras ascendía, los cantos celestiales salmodiaban “EN MARZO UN TRABAJO MUY SUCIO”, con una dulzura tal, que arrancaba lagrimas de nuestros ojos, hasta ponernos a todos bajo la protección de su manto, y alejarnos de tan extraño paisaje.
Mientras nos alejábamos, seguíamos escuchando a la dulce Sade, ajena, distante, con su eterno tarareo.
EL GUARDIAN ENTRE EL CENTENO
10:17 |
"El guardián entre el centeno (The Catcher in the Rye), es una novela de J. D. Salinger. Al publicarse en 1951 en los Estados Unidos, la novela provocó numerosas controversias por su lenguaje provocador y por retratar sin tapujos la sexualidad y la ansiedad adolescentes. Es considerado por numerosos expertos como uno de los libros más importantes del siglo XX."
Esta es una reseña de la Wiki, yo acabo de leérmelo y debo ser muy poco sutil, o el tiempo transcurrido desde 1951 y ahora ha hecho de las suyas.
No sé quien son esos expertos, ni cuantas obras del siglo XX se han leído, pero esa afirmación me parece un exceso. De hecho, como personaje retorcido y enfermo de ese tipo, pienso que está mucho más logrado Ignatius de “La conjura de los necios”. Pongo este ejemplo por no salirme de la literatura norteamericana del periodo, que si tomamos la de otras latitudes, personajes…..”trabajosos” hay para llenar varios trenes.
Creo que la rebeldía y la sexualidad adolescente en la actualidad (ni la de mis tiempos) no tienen mucho que ver con lo que describe este libro.
Holden, el prota, es más bien un chico maniaco depresivo, adinerado, irresponsable y con una cabeza amueblada con el criterio de la liebre de marzo.
Así a bulto, incluso se puede decir que presenta rasgos de psicopatía, y una pronunciada falta de apego afectivo por las personas que lo rodean, con la salvedad de sus hermanos.
Está escrito en primera persona, y se detallan todas las consideraciones y los procesos mentales que lo llevan a actuar de la forma que lo hace. Esta particularidad, lo hace llamativo para muchos lectores. Para las personas que acostumbramos a hablar solas, (esperando hablar con Dios un día) la forma de narrar resulta tremendamente familiar y nada novedosa.
Seguramente todo lo que digo es prácticamente una herejía literaria, pero aparte de ser un buen libro, lo que le ha hecho más icónico, es ser la lectura de cabecera de algún que otro psicópata y/o asesino en serie. Supongo que por ser libro recomendado en los institutos.
Eso me parece un dudoso merito. Da la impresión, que estas personas, no sabiendo como encauzar sus propios procesos mentales, han adoptado los de Holden, aderezados con Dios sabe que, hasta convertirse en monstruos con coartada literaria.
En definitiva, lectura recomendable para estos días fríos de sofá y manta, y tened en cuenta que esto solo es una opinión personal, yo tengo mis propios gustos que coincidirán, o no, con los de los demás, y además no soy crítica literaria, solo soy una persona que lleva toda la vida leyendo.
CREPÚSCULO EXQUISITO
13:49 |
Creo que ya he mencionado anteriormente que le echo muchas horas a ver cine (pero en la tele, la pereza es lo que tiene) y no puedo resistirme a hacer una pequeña reseña, de lo último que me ha impresionado, no me atrevo a llamarla critica, porque cometería un pecado de vanidad imperdonable, ya que no entiendo un carajo de esas cosas de la iluminación, los encuadres y toda la parafernalia técnica que rodea una producción. Me conformo con una historia bien contada y bien interpretada, que aunque parecen premisas básicas, la historia del séptimo arte, nos demuestra que no es algo al alcance de todos.
Pues a lo que íbamos, el Sr. Eastwood, es un icono del cine desde hace……….buf, ni se sabe. Al principio, con la arrogancia que da, haberse tragado muchas sesiones dobles en los cines de verano, lo tenía encuadrado en el grupo de actorzuelos que no me gustaban, ese vaquero mal lavado y mal afeitado a las ordenes de Sergio Leone, o ese Harry El Sucio, o el Ejecutor…o lo que correspondiera de la saga, destilando testosterona y repartiendo justicia divina desde su Magnum 44, sinceramente, no animaba mucho a verlo, no eran personajes que me interesaran lo mas mínimo, ni entonces, ni ahora, aunque ahora igual me gustaban mas, por lo que tienen de entrañables.
No voy a contar la trayectoria del Sr. Eastwood, porque ya hay mucha gente, mejor informada que yo, que lo han hecho. Solo que con el tiempo le he dedicado más atención, le he seguido más de cerca, y en la actualidad con solo oír su apellido, intento no perderme nada de lo que haga como actor o como director. Es el ejemplo más claro de que algunas personas son como los buenos vinos, él desde luego sí.
El jueves pasado emitieron en la 2 “Banderas de nuestros padres”, y ayer “Cartas desde Iwo Jima”. No me gusta el cine bélico, en general, y el que menos el de la II Guerra Mundial, sin embargo lo que ha hecho el Sr. Eastwood con la penosa historia de esa maldita isla, es una autentica obra de arte, no sé si del séptimo arte, pero si del arte del equilibrio.
No se ha detenido ni en los bandos, ni en las motivaciones, ni en el conflicto. Ha hecho una delicada vivisección de los hombres que se vieron envueltos en semejante despropósito, evitando un maniqueísmo fácil y manido, sin caer en el rimbombante heroísmo, en el altruismo impostado, en el patrioterismo exacerbado…en todos esos lugares comunes que hacen a las películas de este género un autentico coñazo. A pesar de eso, sus personajes son héroes, patriotas y altruistas.
Están definidos con una riqueza de matices, tan humanos, que es imposible no identificarse con ellos, sin obviar la cobardía, o la crueldad; lo grande o lo mezquina que puede llegar a ser una persona llevada a esos límites de miedo y supervivencia; sin quitar un gramo de lo peor de una batalla, pero sin regodearse en la típica casquería gore, de la que también pecan unos pocos de títulos.
No se vuelven locos por la desesperación, no son histriónicos, no realizan grandes hazañas que cantaran las generaciones venideras, ni son excéntricos o pintorescos, ni soldados autómatas con el cerebro dañado por la disciplina castrense. Son reales, gente real vestida de soldado y haciendo las cosas lo mejor que puede.
Son dos películas muy especiales y totalmente recomendables para cualquiera, la lectura de las dos culturas en conflicto es sincera y sutil. No se hacen concesiones a ninguna de ellas, ni publicidad gratuita.
Los personajes son lo que son, calidoscopios de sentimientos y de historias.
La guerra es lo que es, una farsa cruenta que se alimenta de la sangre de sus hijos, como Saturno.
Y el Sr. Eastwood es lo que es, el puto amo.
LA AMEBA FELIZ
18:19 |
No hace mucho gozaba de un hábitat donde el tiempo estaba lleno de cosas y circunstancias diversas. Mi pequeño ecosistema se regía por las necesidades del colectivo familiar, que yo apresuradamente, intentaba satisfacer, tal como exigían mis condicionamientos biológicos y culturales. Aunque en algún momento he tenido demasiado sueño o cansancio, no era una tarea desagradable, por lo menos, no en su conjunto, salvo que algunas cosas eran tremendamente tediosas, planas y aburridas.
Es lo que viene dado por el bonito cargo de “amante esposa y madre ejemplar” que sin ser un oficio, da mucho curro, y aunque tenga el aura de la perfección domestica no es más que una sentencia más propia de una lápida anónima, que de los deseos de una mujer medianamente normal. Esto abarcaba disciplinas como la psicología, la pedagogía, restauración (tanto de comer como de la otra), higiene domestica, conducción en casos de urgencias, organización de eventos, logística, agencia de viajes……..en fin, un montón de pequeñas o grandes tareas, que te absorben y te abducen a poco que te dejes.
Yo, que siempre he sido curiosa, y de buen conformar, he estado desempeñando lo mejor que he sabido este papel, teóricamente secundario, durante años. Básicamente porque opino que si asumes una responsabilidad debes llevarla hasta su conclusión o hasta que el proyecto iniciado funcione sin ti, para valorar esto, hay que dejar de creerse imprescindible y forzar a los demás a que muevan pelín la bolsa escrotal, porque, obviamente, es muy fácil, revestir de un halo de importancia las cosas que quieres hacer, con la sana intención de que alguien se ocupe de esas “otras” cosas más anodinas más desagradables y más monótonas, que son las agrupadas bajo el epígrafe de “ámbito domestico”.
Pero el tiempo pasa, las circunstancias cambian, la gente crece…y de golpe te sientes como en esa sensación de caída que sucede cuando estás en duermevela, tienes tiempo.
Puedes hacer un millón de cosas, o dos millones, solo debes pensar que es lo que realmente quieres, que es lo que te haría feliz. Y no vale retomar, porque ni eres la misma persona que antes de meterte en todo este lio, ni tienes las mismas capacidades, ni deseos ,ni necesidades que unos pocos años atrás, todo es distinto todo es nuevo, y todo es genial. Intentar comportarte como si volvieras a tener veintitantos, no es una opción y además es patético.
Te sientes como una ameba, nadando en el caldo primigenio y con una gran carga de información en su única y plena celulilla, con todo el tiempo del mundo, y un gesto imperceptible de satisfacción en la comisura de la boca, feliz de tener paz, y de tener todavía una edad bastante razonable y disfrutable, sopesando opciones, haciendo planes, mientras te vas acercando, flotando, suave, a un cálido rincón donde la tenue luz invita a leer.
AMÉN
14:57 |
Artículo de D. Arturo Pérez-Reverte en el semanal XL de hoy
SOBRE MUJERES Y HÉROES
Estoy de acuerdo, señora mía. Fui injusto cuando dije que madame Bovary era idiota. O cuando lo dijo uno de mis personajes; que es lo mismo, aunque no del todo. Se lo dijo Makarova, la lesbiana dueña de un bar, al cazador de libros Lucas Corso, en 'El club Dumas'. Y como digo, tal vez sea verdad lo de injusto. O cruel. Puede que mi capacidad de compasión disminuya con los años y con el espectáculo -grotesco, inagotable- de la nunca sorprendente estupidez humana, incluida la mía. Y es cierto. Quizá sea injusto enternecerse con don Quijote y despreciar a Emma Bovary. A los dos se les fue la olla creyendo que la vida podía ser como en las novelas baratas; y es verdad que late el mismo idealismo trágico en salir a deshacer entuertos que a buscar una pasión amorosa en un pueblecito de provincias. Hasta ahí, estamos de acuerdo.
Sin duda la peor idiotez de madame Bovary fue el dinero. Entramparse hasta el corsé. Si hubiera tenido sentido común, o recursos económicos, otro habría sido su destino. Pero ni el estatus social ni el momento eran adecuados para una pobre soñadora provinciana. Cuanto tuvo en su vida fueron dos imbéciles y medio: sus dos amantes y el marido. Y por supuesto: si hubieran sido treinta los hombres de su vida, habrían sido treinta imbéciles. También reconozco que es difícil arreglárselas cuando no sólo la satisfacción sexual, sino las posibilidades de sentirse amada y acompañada, dependen de un mundo de hombres que te acusan de puta si lo intentas y de idiota si fracasas. Hay poco espacio ahí para los héroes, en efecto. Para las heroínas. Y resulta una soberbia injusticia pedir a todas las mujeres que se curtan para sobrevivir. Que sean hembras fatales o chicas duras. Que sean Tánger Soto, Lolita Palma o Macarena Bruner; o la Reina del Sur después de haber sido Teresita Mendoza en Culiacán. Es injusto, desde luego, sentir simpatía por Homer Simpson, o por cualquier Manolo de barriga cervecera, y despreciar a doña Maruja por no ser capaz de escupir a la cara y hacerse matar -o matarlo ella a él- por un varón miserable que no le llega ni a la altura del chichi.
Pero ojo. Tampoco admiro a Penélope. Su absurda fidelidad -veinte años de abstinencia y mojama entre las piernas- me saca de quicio; y también me repatea el hígado ese palacio lleno de cortejadores gorrones y abúlicos que ni la violan, ni saquean la casa, ni hacen otra cosa que tumbarse a la bartola mientras ella deshoja la margarita. Creyendo esperar a que la presunta viuda escoja, los cretinos, cuando en realidad lo que hacen es dar tiempo a que Ulises llegue, lo reconozca su perro y tense el arco. Y ella, mientras, tejiendo y destejiendo en plan melindres calientapollas, en vez de llevarse al más guapo o al más rico al catre, o agarrar una escopeta con posta lobera, o lo que usaran en el siglo VIII antes de Cristo, y correrlos a todos a fogonazos hasta la orilla del mar color de vino. Hay muchas cosas notables que se han perdido en la historia de la Humanidad porque las mujeres que habrían podido hacerlas, crearlas, se negaron a acostarse con hombres que les daban asco. Pero también, gracias a esas mujeres que no transigieron -vaya una cosa por la otra-, se han evitado muchas infamias y muchos prescindibles hijos de puta.
Sin duda soy injusto con Penélope, como lo fui con Emma Bovary. Sólo soy un hombre torpe que mira, y que escribe sobre eso. Que tantea intentando comprender, haciendo frente a su estupidez y sus remordimientos de varón con los personajes femeninos que, mejor o peor logrados, habitan el mundo que narro. Pero de algo estoy seguro. A la hora de escoger héroes para mis novelas, prefiero ser injusto a complaciente. Quiero lobas y no ovejas. En tal sentido, estoy seguro de que la mujer lúcida es el único personaje literario apasionante que nos queda, el único héroe posible en el siglo XXI: soldado perdido en un territorio enemigo, de reglas hechas por los hombres. Mujeres intentando sobrevivir, llegar al mar y volver a casa. O encontrarla, al fin. Una casa propia, una vida normal. Heroínas a su pesar, luchando por el derecho, luego, a ser vulgares. Creo que la capacidad de sorpresa que ofrece el héroe masculino está agotada tras veintinueve siglos de literatura. El hombre se repite a sí mismo, o lo que resta de él, mientras que la mujer entró en esta centuria haciendo frente a desafíos nuevos, todavía no escritos. Arriesgándose como los exploradores que antaño se adentraban por la tierra incógnita dibujada en los espacios en blanco de los mapas. Por eso no son tiempos, los míos, de compasión literaria ni de justicia narrativa. A estas alturas, madame Bovary me importa un carajo. Existe, sin duda. Con sus tres o sus treinta imbéciles. Y seguirá existiendo. Pero no pienso escribir sobre ella. Que la compadezcan otros.
SOBRE MUJERES Y HÉROES
Estoy de acuerdo, señora mía. Fui injusto cuando dije que madame Bovary era idiota. O cuando lo dijo uno de mis personajes; que es lo mismo, aunque no del todo. Se lo dijo Makarova, la lesbiana dueña de un bar, al cazador de libros Lucas Corso, en 'El club Dumas'. Y como digo, tal vez sea verdad lo de injusto. O cruel. Puede que mi capacidad de compasión disminuya con los años y con el espectáculo -grotesco, inagotable- de la nunca sorprendente estupidez humana, incluida la mía. Y es cierto. Quizá sea injusto enternecerse con don Quijote y despreciar a Emma Bovary. A los dos se les fue la olla creyendo que la vida podía ser como en las novelas baratas; y es verdad que late el mismo idealismo trágico en salir a deshacer entuertos que a buscar una pasión amorosa en un pueblecito de provincias. Hasta ahí, estamos de acuerdo.
Sin duda la peor idiotez de madame Bovary fue el dinero. Entramparse hasta el corsé. Si hubiera tenido sentido común, o recursos económicos, otro habría sido su destino. Pero ni el estatus social ni el momento eran adecuados para una pobre soñadora provinciana. Cuanto tuvo en su vida fueron dos imbéciles y medio: sus dos amantes y el marido. Y por supuesto: si hubieran sido treinta los hombres de su vida, habrían sido treinta imbéciles. También reconozco que es difícil arreglárselas cuando no sólo la satisfacción sexual, sino las posibilidades de sentirse amada y acompañada, dependen de un mundo de hombres que te acusan de puta si lo intentas y de idiota si fracasas. Hay poco espacio ahí para los héroes, en efecto. Para las heroínas. Y resulta una soberbia injusticia pedir a todas las mujeres que se curtan para sobrevivir. Que sean hembras fatales o chicas duras. Que sean Tánger Soto, Lolita Palma o Macarena Bruner; o la Reina del Sur después de haber sido Teresita Mendoza en Culiacán. Es injusto, desde luego, sentir simpatía por Homer Simpson, o por cualquier Manolo de barriga cervecera, y despreciar a doña Maruja por no ser capaz de escupir a la cara y hacerse matar -o matarlo ella a él- por un varón miserable que no le llega ni a la altura del chichi.
Pero ojo. Tampoco admiro a Penélope. Su absurda fidelidad -veinte años de abstinencia y mojama entre las piernas- me saca de quicio; y también me repatea el hígado ese palacio lleno de cortejadores gorrones y abúlicos que ni la violan, ni saquean la casa, ni hacen otra cosa que tumbarse a la bartola mientras ella deshoja la margarita. Creyendo esperar a que la presunta viuda escoja, los cretinos, cuando en realidad lo que hacen es dar tiempo a que Ulises llegue, lo reconozca su perro y tense el arco. Y ella, mientras, tejiendo y destejiendo en plan melindres calientapollas, en vez de llevarse al más guapo o al más rico al catre, o agarrar una escopeta con posta lobera, o lo que usaran en el siglo VIII antes de Cristo, y correrlos a todos a fogonazos hasta la orilla del mar color de vino. Hay muchas cosas notables que se han perdido en la historia de la Humanidad porque las mujeres que habrían podido hacerlas, crearlas, se negaron a acostarse con hombres que les daban asco. Pero también, gracias a esas mujeres que no transigieron -vaya una cosa por la otra-, se han evitado muchas infamias y muchos prescindibles hijos de puta.
Sin duda soy injusto con Penélope, como lo fui con Emma Bovary. Sólo soy un hombre torpe que mira, y que escribe sobre eso. Que tantea intentando comprender, haciendo frente a su estupidez y sus remordimientos de varón con los personajes femeninos que, mejor o peor logrados, habitan el mundo que narro. Pero de algo estoy seguro. A la hora de escoger héroes para mis novelas, prefiero ser injusto a complaciente. Quiero lobas y no ovejas. En tal sentido, estoy seguro de que la mujer lúcida es el único personaje literario apasionante que nos queda, el único héroe posible en el siglo XXI: soldado perdido en un territorio enemigo, de reglas hechas por los hombres. Mujeres intentando sobrevivir, llegar al mar y volver a casa. O encontrarla, al fin. Una casa propia, una vida normal. Heroínas a su pesar, luchando por el derecho, luego, a ser vulgares. Creo que la capacidad de sorpresa que ofrece el héroe masculino está agotada tras veintinueve siglos de literatura. El hombre se repite a sí mismo, o lo que resta de él, mientras que la mujer entró en esta centuria haciendo frente a desafíos nuevos, todavía no escritos. Arriesgándose como los exploradores que antaño se adentraban por la tierra incógnita dibujada en los espacios en blanco de los mapas. Por eso no son tiempos, los míos, de compasión literaria ni de justicia narrativa. A estas alturas, madame Bovary me importa un carajo. Existe, sin duda. Con sus tres o sus treinta imbéciles. Y seguirá existiendo. Pero no pienso escribir sobre ella. Que la compadezcan otros.
CONSIDERACIONES Y COARTADAS
13:26 |
Comentaban ayer en la radio, que las grandes compañías tabacaleras hacen campaña para difundir por la población lo dificilisssssimo que es dejar el tabaco. Parece ser que no, que no es para tanto. Puede. Pero a mí me está poniendo en el punto de digievolucionar a basilisca de mi casa.
Por lo menos tengo la suerte de no vivir en zona urbanizada, es decir, para comprar tabaco tengo que desplazarme en coche, eso es bueno. Pero mi marido fuma, ayer le robe un cigarro, eso es malo.
Voy al gimnasio, de los nervios por no haber fumado, y me enfrento a las maquinas con el furor de la prima vigorexica de Jean Claude Van Damme. Eso es malo porque cualquier día me busco yo solita una lesión.
Me paso el día masticando chicle compulsivamente. Eso no sé si es bueno o malo. Y con hambre, maravillosamente saciada por las dos mil chorradas sobrantes de las navidades, todas susceptibles de poner en una tostada. Eso es malo porque me estoy poniendo ciega de canapieses varios, bien regados de Coca-cola.
Me planteo una ayuda farmacéutica. Eso, seguro que es malo, a ver si voy a saltar de los brazos de la nicotina a los del Rey Lexatin.
Otra posibilidad es que acabe bulímica perdida, comprando tartas para poder asaltar la nevera de noche, en mitad de un ataque de ansiedad. Eso es rematadamente malo.
Reconsidero lo de dejar el tabaco, si ya no se puede fumar en casi ningún sitio, pero al precio que lo han puesto los cabrones estos, me molesta seguirles el juego, además cuando me voy al monte con mis perros, subo más y resuello menos. Eso es bueno.
Nunca he tenido un carácter especialmente dulce, pero ahora estoy sensiblemente más borde con la privación de fumar, intolerante, protestona, molesta. Eso es malo.
Calibro, sopeso, replanteo… ¿Qué tiene de bueno dejar de fumar?
¡Ah sí! Lo de la hucha. El problema, es que miro la hucha, con calculada avaricia, pensando que cuando tenga suficiente dinero, me voy a comprar un cartón de tabaco, y me lo voy a fumar mirando al mar con una sonrisa beatífica soltando humo por mis, por fin, relajadas fauces.
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